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 Nota Publicado: Mar Ene 13, 2009 1:48 pm 
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Registrado: Mar Ene 13, 2009 12:22 pm
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Durante la segunda mitad de los años 30, la agresiva política exterior de Hitler experimentó un cambio fundamental. En un principio, él había esperado conquistar un “Lebensraum” (Espacio Vital) para el pueblo alemán en el Este, a costa de la Unión Soviética y con el apoyo de Gran Bretaña, o cuando menos de su neutralidad. Pero ahora, contemplaba como el gobierno británico intentaba detener esta presión hacia el Este mediante un establecimiento general de la paz en Europa frente a la política exterior nazi. Así, las ambiciones hitlerianas se encontraban con el peligro de una gran guerra europea con Gran Bretaña y sus aliados. Esta fue sin duda la razón por la que Hitler, resuelto a no abandonar su largamente ansiado sueño del Espacio Vital, comenzó a movilizar los recursos alemanes tan rápidamente como le fue posible. Tenía que resolver una serie de pequeños conflictos antes de que las potencias occidentales estuviesen preparadas para intervenir con éxito. El tiempo se convirtió en lo más importante.

El concepto de Blitzkrieg de Hitler, quien ya la había descrito como “la aplicación de la fuerza militar tomando así grandes riesgos”, se convirtió en el fundamento de la fabricación del armamento aéreo. En abril de 1937, Göring ordenó la paralización del desarrollo de dos diferentes bombarderos de cuatro motores, los Junkers Ju 89 y Dornier Do 19. El motivo fue su cálculo según el cual Alemania podría producir dos veces y media más bombarderos de dos motores que de cuatro. Al conceder prioridad a la cantidad frente a la calidad, Göring limitó a la Luftwaffe como una fuerza aérea de medio alcance incapacitada para una guerra estratégica y ofensiva de largo alcance.

Pese a todo, las regulaciones de la Luftwaffe sobre guerra aérea, publicadas por primera vez en 1936, priorizaban los ataques aéreos contra la capacidad bélica del enemigo a la vez que contra “los pilares de la voluntad de resistencia enemiga”. Entre estas dos opciones, las acciones desarrolladas contra las fuerzas armadas enemigas recibían prioridad, y los ataques sobre los fundamentos del poderío enemigo eran descritos como menos importantes que las anteriores.

A pesar de la prioridad dada al ataque contra las fuerzas armadas enemigas en las regulaciones de la guerra aérea, la Luftwaffe no se despreocupaba de su status de independencia operacional. El director de operaciones de la Oficina del Mando Aéreo, mayor Deichmannn, expuso en una conferencia pronunciada el 29 de octubre de 1936 y titulada “Principios de guerra aérea operacional”, numerosos criterios en la selección de objetivos y a los que intentaba convertir en la base de los entrenamientos que con wargames se desarrollaban. Añadió que se había limitado a aportar unos fundamentos sobre los que adoptar las decisiones de atacar la economía de una nación, pero que a sí mismo, se debía encontrar un criterio sobre el que basar los ataques contra la moral de esa nación.

En publicaciones militares alemanas de esa época muchos autores se adhirieron a la teoría de la guerra total defendiendo incluso planes más radicales de guerra aérea. Por ejemplo, argumentando que las discusiones sobre la guerra aérea sólo podrían proporcionar útiles resultados si esta guerra aérea era contemplada como “parte de la Guerra Total del futuro”, el mayor Gehrts se preguntaba si los objetivos descritos en las mencionadas regulaciones eran suficientes. Una guerra de larga duración podría “deslizar las corrientes subterráneas hacia la superficie” y manifestar el “espectro del colapso en el país”. Como la voluntad de una nación en guerra no sólo se encarnaba en sus fuerzas armadas sino también en su industria, los objetivos del conflicto debían ser más de los que meramente se proponían derrotar al ejército enemigo. Se podría quebrantar la voluntad de una nación, si se rompía la de quienes componían sus brazos económicos y tecnológicos: sus trabajadores, ya que desde la “colectivización de nuestra existencia” el obrero, “exponente funcional” de la tecnología, se había convertido en un factor político decisivo durante la guerra y la paz. El resultado de esta colectivización había sido la identificación de la “comunidad nacional” con el “destino común” (Schicksalsebene) de los trabajadores. Cualquiera que hubiese reconocido este cambio histórico vería claramente que el obrero podría romper la voluntad del soldado.

La principal prioridad para los dirigentes militares alemanes fue por consiguiente quebrar la voluntad del enemigo en el tiempo más breve posible. En los frentes en los que sus fuerzas armadas podían ser derrotadas rápidamente, la misión de la Luftwaffe fue la de apoyar la consecución de este objetivo en el transcurso de dicho conflicto. En cambio, allí donde esto no se pudiera conseguir en un breve tiempo, debería perseguirse su consecución desde el comienzo mediante la guerra aérea, y en esta, su objetivo primordial era quebrar la voluntad del “ejército nacional de obreros” enemigos. Siguiendo con este planteamiento, era menos importante destruir los “arsenales de tecnología económica” enemigos que despoblarlos. Como Gehrts asumía que los enemigos potenciales de Alemania tenían las mismas intenciones, abogaba por una “movilización total” a través de la “creación y demostración de una conciencia nacional uniforme movilizando todos los niveles, incluso en tiempos de paz” y mediante la instrucción del trabajador con una básica actitud militar. Según Gehrts “hoy el obrero y el soldado son, en su esencia prusiano-alemana, matices de un mismo carácter” y creía que esto se había desarrollado hasta un alto nivel en el estado nacionalsocialista. En consecuencia, el Tercer Reich se había cobrado una considerable ventaja respecto a las demás potencias occidentales.

La utilización del poder aéreo parecía indicar que la guerra total estaba alcanzando su forma más pura y proporcionando la justificación definitiva para la movilización total. Los argumentos de Gehrts demostraban que sus requerimientos de un autoritario estado completamente militarizado no se basaban solamente en la percepción de amenazas militares externas. Detrás de su militarismo, disfrazado de fraseología revolucionaria, se revelaba un deseo por detener los cambios sociales que se habían estado desarrollando en Alemania desde el inicio de la revolución industrial y que se percibían cuando menos como amenazadores. En el estado autoritario, en el que “con la socialización del peligro como una característica permanente del moderno uso de la fuerza” la nación se convertía en “una uniforme empresa técnica”, el perseguir intereses de grupo podría considerarse como sabotaje. Los más fervientes defensores de la guerra total deducían sus percepciones de una amenaza de la idea de la guerra como una fuerza de la naturaleza más que de rasgos específicos de un enemigo. En su visión una sociedad organizada para la guerra era contemplada como algo “natural”.

La mutua afinidad de la concepción de la guerra total y la movilización total con la concepción nacionalsocialista del mundo es obvia. Los defensores de esta ideología, sin importar la intensidad de su entusiasmo, esperaban mejores condiciones para vencer en un futuro conflicto con el estado nazi que con uno parlamentario con una constitución democrática.

Cuando la crisis alcanzaba su momento álgido, la sección de inteligencia militar del ministerio de guerra británico (el M15) avisó de que en el momento que Gran Bretaña declarase la guerra a Alemania, la Luftwaffe atacaría Londres. Chamberlain compartía esta creencia y así justificó su política que le llevaría a una incruenta derrota británica en Munich ante la sola referencia al poderío aéreo alemán. Irónicamente fue la incapacidad de la Luftwaffe para proporcionar resultados decisivos en una guerra aérea estratégica contra Gran Bretaña lo que provocó que Göring advirtiera a Hitler de ir demasiado lejos en Munich. Tras esta conferencia la Luftwaffe, para la que Göring había establecido un plan quinquenal de refuerzo hasta 1942, consideró sus opciones como muy pobres ante una ofensiva aérea sin restricciones contra las industrias británicas. Pero en informes posteriores a Munich también encontramos una sorprendente cantidad de argumentos en favor del papel disuasivo de la Luftwaffe y si llegara el caso como arma de terror.

En mayo de 1939 la sección de inteligencia del Alto Mando de la Luftwaffe creía que el Tercer Reich era el único estado que había alcanzado una concepción de guerra aérea total en sus aspectos ofensivos y defensivos. A continuación la sección de inteligencia puntualizaba que durante la crisis checa la Luftwaffe había sido capaz de ejercer una gran presión política, sin tener que probar su verdadero potencial en combate. Se creía también que las potencias occidentales a causa de sus constituciones democráticas y sistemas parlamentarios eran capaces de mostrarse menos flexibles en sus tomas de decisiones políticas y militares que lo que se mostraba el autoritario estado alemán. Esta interpretación conllevó la arriesgada profecía según la cual pese a estar las potencias occidentales comprometidas entre ellas mediante tratados y promesas, un conflicto en la región podría permanecer aislado.

Las maniobras de tres días realizadas por la Segunda Luftflotte y enfocadas como operaciones en tiempo de guerra contra Gran Bretaña, reflejan las claras deficiencias técnicas y tácticas de la Luftwaffe en tales cometidos. Su comandante, el general Felmy, criticó especialmente la lentitud del proceso de entrenamiento táctico a causa de la rápida expansión de la Luftwaffe. Su informe concluía con la estimación de que no se podría lanzar una ofensiva estratégica sobre Gran Bretaña hasta 1942 cuando la Luftwaffe poseyera bombarderos de largo alcance o cuando la Wehrmacht hubiese capturado bases adelantadas en los Países Bajos o en Francia. Si la guerra con Gran Bretaña ocurría antes de esa fecha, Felmy apostaba por atacar Londres y otras aglomeraciones urbanas dentro de una ofensiva de puro bombardero de terror.

El pronostico de Felmy de los decisivos resultados de tal ofensiva, como la predicción de la sección de inteligencia, se fundamentaba en la experiencia obtenida durante la crisis checa. La construcción de trincheras en los parques públicos y el reparto de máscaras de gas en Londres en septiembre del 38 fue interpretado por Felmy como el reflejo del alto nivel de histeria en Gran Bretaña, en contraste con la situación en Alemania. Proponía explotar esta histeria en caso de guerra. Felmy era apoyado por un estudio del Alto Mando del Ejército, en donde se proponía una guerra química a gran escala por parte de la Luftwaffe. El Alto Mando consideraba que la estúpida e irreal propaganda de la Liga de Naciones había influido en la opinión mundial hasta un punto en el que el pánico se había convertido en inevitable: “Está más allá de toda duda que una a ciudad como Londres se le puede meter tal miedo que ponga al gobierno bajo una enorme presión”. La sección de operaciones del Alto Mando de la Luftwaffe era menos optimista sobre los efectos políticos que se obtendrían mediante los bombardeos de terror sobre Londres, pero en cambio esperaba que el continuo bombardeo de centros industriales, incluso por pequeñas unidades, pudiese llevar al colapso de la moral en las grandes áreas británicas.

En agosto del 39 Hitler comunicó a sus generales de la Wehrmacht que el ataque sobre Polonia sería solamente una cuestión de resolución. Dijo: “Siempre he tomado grandes riesgos y se que ahora voy a correr uno más”. Cuatro días más tarde escribía a Mussolini: “Como ni Francia ni Gran Bretaña pueden alcanzar ningún éxito decisivo en occidente, y como Alemania, a resultas del acuerdo con Rusia, tendrá todas sus fuerzas libres en el este tras la derrota de Polonia y la supremacía aérea está sin duda alguna de nuestra parte, no dudo de resolver la cuestión de Polonia incluso con el riesgo de complicaciones en occidente”.

Por encima de estos tres factores en los cálculos del riesgo de Hitler, a saber, la no preparación de Francia y Gran Bretaña para la guerra, el pacto con Stalin y la supremacía aérea, esta era doblemente importante. Por su considerable capacidad táctica y su experiencia en lanzar ataques sorpresas y operaciones de apoyo a tierra, la Luftwaffe sería capaz de apoyar una breve campaña en tierras polacas. Hitler creía que una acción de hechos consumados antes de que las potencias occidentales pudieran completar su despliegue, evitaría que estos países le declarasen la guerra. Más importante que este papel táctico de la Luftwaffe en los cálculos del riesgo de Hitler era su imagen de fuerza disuasiva ganada a lo largo de años de producir miedo e intimidación política mediante sus actuaciones y mediante la propaganda alemana. La opinión de Hitler según la cual las potencias occidentales nuevamente no se atreverían a ir a la guerra como ya habían hecho en 1938 era compartida por gran parte de los mandos de la Luftwaffe. A los ojos de estos, intoxicados por la propaganda nazi de la guerra total, la disuasión de la Luftwaffe descansaba no sólo en su liderazgo y capacidad de ataques estratégicos, admitidos con reservas, sino en la estructura política del Reich. El estado alemán con su “Volksgemeinschaft”, su sociedad popular totalitaria, parecía ser más capaz de movilizarse para la guerra total en tierra o aire que las democracias occidentales.

Cuando Hitler inició las hostilidades en septiembre de 1939 tenía a su disposición una Luftwaffe que se había convertido en la fuerza mejor preparada para su estrategia de cortas campañas continentales mediante la Blitzkrieg. El 3 de este mes Gran Bretaña y Francia declaraban la guerra a Alemania, como fuerza disuasoria la Luftwaffe había fallado. Durante la Batalla de Inglaterra la Luftwaffe fracasaría definitivamente como fuerza estratégica. La esperanza de Hitler de obligar a Gran Bretaña a capitular mediante la obtención de una rápida victoria sobre la Unión Soviética dependía ahora de la experiencia táctica obtenida por la Luftwaffe durante la guerra civil española como “artillería volante” del ejército. El ataque en el este recondujo el conflicto en la dirección originalmente deseada por Hitler pero bajo el condicionamiento de una guerra en dos frentes que se convertiría en una guerra mundial para la que su Luftwaffe no estaba preparada.

Material extractado de http://es.geocities.com/eae_cid/

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 Nota Publicado: Jue Ene 15, 2009 1:43 am 
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Registrado: Mar Dic 19, 2006 12:14 am
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Muy bueno. Bienvenido. =D>


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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