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El 30 de agosto. Hitler levantó por fin la prohibición de atacar Londres. Ya habían caído bombas en la ciudad, pero no como fruto de un ataque masívo deliberado. La prohibición se dejó sin efecto debido a una serie de errores previsibles cometidos por la fuerza de bombardeo. La noche del 24/25 de agosto, una pequeña fuerza de Heinkel de la KG1 estuvo intentanto tirar algunas bombas sobre la terminal petrolera de Thameshaven. Ésta se hallaba peligrosamente cerca de Londres, y alcanzarla de noche era una posibilidad muy remota. Llegado el caso, las bombas cayeron en el East End y causaron el destrozo de la iglesia de St.Giles, en Cripplegate. A la mañana siguiente, al cuartel general de la KG1 llegó un telegrama de Göring en el que exigía saber la identidad de los tripulantes responsables de la acción, pues quería que fueran trasladados a la infatería. En respuesta a ello, el gabinete de guerra autorizó el primer ataque sobre Berlín. La noche del 25/26 de Agosto, los Hampden de los Escuadrones 49 y 50 despegaron para efectuar una incursión en el aeródromo de Tempelhof, mientras que una fuerza de Wellington intentaba localizar las enormes y cercanas instalaciones de Siemens. El norte de Alemania estaba cubierto de nubes, pero tiraron las bombas igualmente. No regresaron seis de los Hampden, tres de los cuales tuvieron que hacer un amarizaje forzoso al quedarse sin combustible. A la vuelta soplaba un fuerte viento en contra, y Berlín se encontraba al límite de su autonomía. Las bombas que dejaron caer destruyeron una glorieta en el barrio berlinés de Rosenthal y causaron heridas a dos personas. Las demás cayeron fuera de la ciudad, sobre todo en tierras de labor, lo que dio pie al chiste local de que ahora los británicos intentaban hacer que Berlín se rindiera por hambre. La noche siguiente, la Unidad de Bombarderos atacó Leipzig, Leuna, Hannover y Nordhausen, en Alemania, y también envió once Whitley a bombardear Turín y Milán. En Londres sonaron los avisos de incursión aérea cuando unos cuantos atacantes nocturnos de Sperrle intentaron alcanzar objetivos alejados como Northholt, North Weald y Hornchurch. Churchill se encontraba en el n°10 y bajó en su batín del dragón dorado a pasear un rato por el césped antes de retirarse al refugio. Colville oyó las campanadas del Big Ben a medianoche, miró los reflectores y oyó el sonido de una "arma lejana". Churchill llegó a la conclusión de que no estaba intertesado en Leipzig y al día siguiente envió una nota al jefe del Estado Mayor del Aire: <Ahora que han comenzado a molestar la capital, quiero que los golpeen con fuerza, y para eso el lugar más adecuado es Berlín>. Así pues, la noche del 28/29 de agosto, la Unidad de Bombarderos volvió a incluir a Berlín en sus planes, a cuyo fin mandó allí varios Hampden del Escuadrón 83, aunque también envió unos setenta aparatos a atacar otras ciudades alemanas y algunos aeródromos situados en Francia. Esta vez los Hampden hicieron impacto en áreas civiles y alrededor de la estación de ferrocarril de Görlitzer, donde murieron ocho personas y resultaron heridas otras veintiuna. Hitler estaba en Berghof, y cuando se enteró de que el área del Gran Berlín había sido bombardeada por primera vez, regresó a la capital. Al día siguiente dio carta blanca a la Luftwaffe. El 3 de septiembre, Göring se reunió con sus comandantes en La Haya. El mismo día que Hitler iba a declarar que la primera fecha para el día S, el inicio de la operación León Marino, ya no sería el 15 de septiembre sino como mínimo el 21, y que en todo caso la fecha exacta se decidiría con tres días de antelación. La pretendida razón de esto era que, habida cuenta de los daños provocados por la RAF en el canal de Dortmund-Ems la noche del 12/13 agosto, en la que Learoyd ganó su Cruz de la Victoria, los preparativos para el León Marino se habían retrasado. No obstante, Göring sabía que Hitler no creía que, en todo caso, la Luftwaffe estuviera lista. Ahora tenían un poco mas de tiempo. Había que hacer algo. Las diferencias entre Sperrle y Kesserlingaún no estaban resueltas, pero ahora el segundo tenía la oportunidad de conseguir lo que quería, y recomendo encarecidamente un ataque con todo sobre Londres. Sostenía que, como Biggin Hill se encontraba fuera de servicio, la Unidad de Cazas estaba concentrando sus fuerzas en los aeródromos del norte. temía que pudiesen retirarse allí por completo, lo que le plantearía un gran problema debido a la autonomía de los Bf 109. De hecho, no llegaba a comprender por qué no lo habían hecho ya, a menos que fuera una cuestión de que no se les viera abandonar el territorio. Partiendo de los informes de pérdidas, el y su Estado Mayor creían haber alcanzado más o menos la superioridad aérea, de mod que la cuestión clave era atacar algo que estuviera al alcance de los Bf 109 y que los británicos tuvieran que salir a defender. Podían abandonar aeródromos, tenían muchos. Pero Londres no. Sperrle no estaba de acuerdo. Se mostraba escéptico respecto a los informes de pérdidas. Ya había visto todo esto antes en España. La Unidad de Cazas no estaba en las últimas ni mucho menos, y debían proseguir los ataques sobre su infraestructuras. Kesserling insistía. No tenía sentido atacar aparátos británicos en tierra porque ya no estaban ahí. Apenas se podía sorprender a ningún caza en los aeródromos. El único lugar donde se les podía pillar era en un el aire, el único problema era el de siempre: como obligarles a despegar para que Galland, Mölders, Oesau o Balthasar pudieran derribarlos. La Luftwaffe no estaba siendo fuerte. Debían concentrar las fuerzas que poseía, sostenía Kesserling, y lanzar ataques masivos contra un objetivo único. Londres era el único candidato. Ahora Kesselring estaba empujando una puerta abierta. La postura de Göring era política, lo que le preocupaba, talcomo Dowding observó con perspicacia el día 7, era su prestigio personal. Había afirmado públicamente de forma infame que, si llegaban a caer bombas enemigas en Berlín, la gente podría llamarle "Meyer" (Un apellido judío). Ya se hacían bromas por todas partes. Pero su relación con Hitler no era ninguna broma. Había dicho que Berlín estaba a salvo de ataques, por lo que no tenía defensas antiaéreas. Los británicos podían ir y venir si esto les complacía. La gente estaba escandalizada. Había creído que era inmune, y de pronto era vulnerable. Además, el Führer no creía que la Luftwaffe estuviera despejando los cielos de Inglaterra y así lo manifestó el día 30. Göring estaba en apuros. El bombardeo a Berllín era una acción política que exigía una respuesta política. Hitler iba a dar esta respuesta al pueblo alemán; había que proceder en consecuencia. Por razones muy diferentes, Göring coincidió con Kesserling en que debían atacar Londres. No había alternativa. Entre la jerarquía militar alemana había una fuerte corriente de opinión favorable a la idea de que éste era el paso largamente deseado. Había sido la vaca sagrada de Hitler durante demasiado tiempo. Jodl siempre había tenído ganas de intentarlo. En la reunión con Hitler que se celebró el mismo Día del Águila, había recomendado enérgicamente un implacable ataque aéreo sobre Londres el día anterior a la invasión. Un éxodo masivo de la población se traduciría en un torrente de refugiados comparable al que unsa semanas antes había atascado las carreteras de francia e imposibilitado el movimiento de los ejércitos aliados. En todo caso, no importaba demasiadoque la Luftwaffe no pudiera destruir a la RAF y hibuera de posponer la operación León Marino. A inglaterra se la podía derrotar de más de una forma. Un ataque sobre Londres podía ser el principio de una amplia guerra económica y un asedia con submarinos. Luego se le podrían arrebatar Gibraltar y Egipto. Mientras aumentaba el coste de proseguir la guerra, Inglaterra se recuperaría. La clave estaba en quebrar su voluntad de resistir en la primavera de 1941, cuando llegara el turno de Rusia. La invasión no era el único modo, ni siquiera el mejor. El 22 de agosto, Hitler había reiterado que la operación león Marinno se llevaría acabo sólo si las condiciones eran especialmente favorables. Entretanto, se habló con Franco para que cooperara en la cuestión de Gibraltar. Había muchas opciones. De mod que la Luftwaffe podía muy bien estar ante su última tentativa de crear condiciones particularmentepropicias para León Marino. El 4 de septiembre, Hitler escogió la inauguración de la Campaña de Ayuda en Invierno, en el Sportpalast de Berlín, para dar su respuesta política. El público constaba sobre todo de enfermeras y asistentes sociales, precisamente las personas que serían los testigos más directos de los efectos de los bombardeos en Berlín. Hitler comenzó con un chiste. Los ingleses tenían mucha curiosidad, dijo, y no paraban de preguntar, <¿cuando viene?>. <No os preocupéis - exclamó Hitler-. ¡Ya viene! No deberíais tener tanta curiosidad> La gente lo encontró muy divertido. A continuación paso al tema del <nuevo invento> de Churchill, el ataque nocturno. Los británicos debían atacar de noche porque no podían sobrevolar Alemania a la luz del día. La luftwaffe, por supuesto, oscurecía cada día los cielos de Inglaterra. Volvió a su oferta de paz del 19 de Julio, y dijo que se le estaba acabando la paciencia. Creía que los ingleses pondrían fin a esa guerra absurda, pero sin duda pensaban que la oferta era un signo de debilidad. Ahora la Luftwaffe les respondía noche tras noche. Si los británicos dicen que atacarán ciudades alemanas, bramaba, nosotros destruiremos las suyas. <Llegará un momento -aseguró- en que uno de los dos se vendrá abajo, ¡y no será la Alemania Nacional Socialista!> La multitud se puso en pie de un salto, extasiada. <¡Nunca! ¡Nunca!>, gritaba. Las bombas caídas en la estación Görlitzer habían matado a ocho civiles. La gente quería venganza. La tuvo. Aquellos sobre los que habían ejercido su venganza también la querían para sí. También la tendrían. Cuando todo hubo acabado, habían muerto 60.000 británicos y 600.000 alemanes civiles, y la mitad de Europa estaba en ruinas y reducida a cenizas.
Extracto de: "La Batalla de Inglaterra" de Stephen Bungay.
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